Entrar en «Máquinas y almas» es encontrarsecon un mundo fantástico, donde el arte cobra vida, se desarrolla, se contempla y hasta interactúa con los visitantes. Esqueletos de animales que caminan, espejos que imitan a sus espectadores, obras de arte dinámicas con ferrofluidos y esculturas de luz se revelan entre las salas.
La exposición explora la convergencia entre arte, ciencia y tecnología y lo hace esbozando un panorama que, paralelamente, intenta ser representativo de las características de ése nuevo arte digital. “Máquinas y Almas” incluye el trabajo de 20 artistas escogidos por su capacidad de aunar arte y ciencia, creatividad, sentimiento y misterio. La tremenda diversidad de sus obras es bastante representativa del arte digital. Un arte aún en sus inicios y con todas las características de un recién nacido: dubitativo, expectante, compulsivo y con un enorme potencial.
Pero varias preguntas asaltan mi mente: “¿Pueden las máquinas tener alma? ¿El arte tiene vida propia? ¿La tecnología es un medio para crear belleza?”
Para contestar a esta primera pregunta, antes tendríamos que definir con precisión lo que entendemos por “máquina” y por “alma”. Roger Penrose, entre otros, ha argumentado con solidez (sobre todo en su libro La nueva mente del emperador) que la inteligencia creativa y autoconsciente (que podría ser una definición laica de “alma”) no puede reducirse a un mero conjunto de algoritmos. Pero los ordenadores no tienen por qué ser meramente algorítmicos, y puesto que no sabemos cómo se produce la chispa de la conciencia, no podemos excluir la posibilidad de que salte, de forma espontánea o inducida, en los superordenadores del futuro. Aun en el supuesto de que la inteligencia tuviera que ver con aspectos todavía desconocidos de la mecánica cuántica, como sostiene Penrose, esos hipotéticos procesos criptocuánticos no tendrían por qué ser exclusivos de la vida orgánica.
Y aunque así fuera, la imitación de la vida, incluso de la vida racional, no tiene límites, al menos en teoría. Aunque las máquinas nunca lleguen a pensar realmente (sea lo que fuere lo que eso significa), se comportarán de una forma cada vez más autónoma y creativa, y puesto que de los demás sólo podemos saber lo que hacen y dicen, y no lo que piensan o sienten en su fuero interno, si la conducta de una máquina parece inteligente, será, a todos los efectos prácticos, como si lo fuera. El impacto psicológico y sociológico de esta revolución inminente será sin duda enorme, y por más que la ciencia ficción, tanto literaria como cinematográfica, haya abordado la cuestión desde innumerables ángulos, seguramente el futuro inmediato nos depara sorpresas que no podemos ni imaginar. Es muy significativo que la ciencia ficción, tan audaz en lo tecnológico y tan conservadora en lo sociológico, no previera la aparición de Internet. Y aunque las leyes de la robótica de Asimov rijan la conducta de los androides, ¿qué nuevas cláusulas del contrato social regularán nuestra propia conducta?
En ciencia ficción las tres leyes de la robótica son un conjunto de normas escritas por Isaac Asimov, que la mayoría de los robots de sus novelas y cuentos están diseñados para cumplir. En ese universo, las leyes son "formulaciones matemáticas impresas en los senderos positrónicos del cerebro" de los robots (lo que hoy llamaríamos ROM). Aparecidas por primera vez en el relato Runaround (1942), establecen lo siguiente:
Un robot no debe dañar a un ser humano o, por su inacción, dejar que un ser humano sufra daño.
Un robot debe obedecer las órdenes que le son dadas por un ser humano, excepto si estas órdenes entran en conflicto con la Primera Ley.
Un robot debe proteger su propia existencia, hasta donde esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley.
"Un robot no puede hacer daño a la Humanidad o, por inacción, permitir que la Humanidad sufra daño."Blade Runner es una película de ciencia ficción estadounidense, dirigida por Ridley Scott, estrenada en 1982 y basada en la novela de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Do Androids Dream of Electric Sheep? (1968)). Se ha convertido en un clásico de la ciencia ficción y precursora del género cyberpunk. Obtuvo dos nominaciones a los Oscar.
La película transcurre en una versión distópica de la ciudad de Los Ángeles, EE.UU., durante el mes de noviembre de 2019.
El guión, escrito por Hampton Fancher y David Peoples, se inspira libremente en la novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick. El reparto se compone de Harrison Ford, Rutger Hauer, Sean Young, Edward James Olmos, M. Emmet Walsh, Daryl Hannah, William Sanderson, Brion James, Joe Turkel y Joanna Cassidy; el diseñador principal fue Syd Mead y la música original fue compuesta por Vangelis.
La película describe un futuro en el que seres fabricados a través de la ingeniería genética, a los que se denomina replicantes, son empleados en trabajos peligrosos y como esclavos en las "colonias exteriores" de la Tierra. Estos replicantes, fabricados por Tyrell Corporation para ser "más humanos que los humanos" -especialmente los modelos Nexus-6- se asemejan físicamente a los humanos (aunque tienen una mayor agilidad y fuerza física) pero carecen de la misma respuesta emocional y de empatía. Los replicantes fueron declarados ilegales en el planeta Tierra tras un sangriento motín. Un cuerpo especial de la policía — los blade runners — se encarga de rastrear y matar a los replicantes fugitivos que se encuentran en la Tierra. Con un grupo de replicantes particularmente brutal y hábil suelto en Los Ángeles, un dubitativo Deckard es invocado desde su semirretiro para que use algo de "la vieja magia blade runner".
El término alma o ánima se refiere a un principio o entidad inmaterial e invisible que poseerían algunos seres vivos cuyas propiedades y características varían según las diferentes tradiciones y perspectivas filosóficas; ánima se refiere de modo similar al espacio acanalado del cañon o fusil; por el cual la bala, realiza su recorrido antes ser proyectado hacia su objetivo. Etimológicamente la palabra del latín anima se usaba para designar el principio por el cual los seres animados estaban dotados de movimiento propio. En ese sentido originario tanto los animales como el ser humano estarían dotados de alma.
Eduar Punset afirma que las emociones, ideas, temores, deseos, espiritualidad… y tantos otros aspectos de nuestra vida que nos caracterizan como seres humanos dependen de las complejísimas operaciones de nuestro cerebro. Cuando nos interrogamos acerca de nosotros mismos, son muchas las preguntas que surgen: ¿es el alma el resultado de reacciones químicas y eléctricas, tan sólo?, ¿depende un aspecto tan relevante de nuestra existencia como el amor de unas meras conexiones neuronales?, ¿se puede manipular el pensamiento de otros?, ¿los artistas tienen un cerebro distinto?, ¿lo que sugiere nuestro inconsciente es lo que somos?, ¿nos engañan nuestras percepciones?, ¿tenemos el mismo cerebro que nuestros antepasados de la Edad de Piedra? por que las maquinas no pueden ser orgánicas, ? alguien puede definir el alma, la esencia de un animal? ¿Tienen alma las máquinas?
Hoy en día nos movemos en un mundo tecnológico. La intrépida evolución de los nuevos medios digitales ha desencadenado una sociedad que ha interiorizado y hecho como suya la tecnología. Todo se mueve por y para Internet, mediante un ordenador y a través de las ondas. Ya no se es nadie si no se sabe informática, sino se está conectado a la red, si no almacenas en un disco duro…
La tecnología ha creado tales imposibles que se asemejan a verdaderas obras de arte. Pero entonces ¿la tecnología ha creado este arte de manera espontánea o es simplemente una herramienta, un medio usado por el artista para conseguir un fin? Si se trata de un utensilio, ¿qué ha llevado al artista a utilizarlo? ¿Simplemente un acto de supervivencia (reciclarse o morir), de estar de moda, a la última o hay algo más? ¿Se esconden detrás de él unas bases, unas pautas, es la constante adaptación del arte clásico a un mundo que no terminará jamás de avanzar e inventar?
¿Es posible difundir el arte a través de este medio? Se ha hablado siempre de que una obra de arte es algo más que un lienzo al óleo, o un trozo de metal, o un papel arrugado. El arte tiene que transmitirnos algo, llegar al espectador, provocarlo, hacerle pensar,… Es entonces cuando consideramos algo como arte. Al hablar de este nuevo arte me pregunto si es capaz de conseguir ese objetivo,( que sí lo es, algo que reitero tras haber visto la exposición). Pero, ¿cómo es posible si el medio usado se ha tachado siempre de impersonal? Esa lucha entre las dos grandes fuerzas de las que se compone la obra de arte, creador y medio o soporte en el que crear es quizá lo más apasionante de esta exposición. Cada obra tiene alma, cada artista ha sido capaz de expresar a través de lo impersonal. Y eso lo dota de una gran fuerza, porque a pesar del sometimiento de la sociedad a la tecnología todavía somos dueños nuestra persona y capaces, en ocasiones, de dominar el medio a nuestro gusto. Vuelve la dicotomía entre dominador- dominado. Pero solo a través de la obra el artista puede sentirse como un Dios capaz de controlarlo todo. Y así lo demuestra la tenue luz que incide sobre las obras, iluminando la creación, ese predominio del hombre sobre la máquina. SACHIKO KODAMAProtrude Flow, 2008© Reservados todos los derechosCortesía Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
THEO JANSENStrandbeest [bestias de la playa], 2007© Reservados todos los derechosCortesía Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
DANIEL ROZINWeave Mirror, 2007© Reservados todos los derechosCortesía Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
JOHN MAEDANature, 2005© Reservados todos los derechosCortesía Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
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ARTISTAS PARTICIPANTES
Antoni Abad (España, 1956)David Byrne (EEUU, 1952) y David Hanson (EEUU, 1969)Daniel Canogar (España, 1964)Vuk Ćosić (Serbia, 1966)Evru (Zush) (Barcelona, 1946)Harun Farocki (República Checa, 1944)Paul Friedlander (Reino Unido, 1951)Pierre Huyghe (Francia, 1962)Theo Jansen (Holanda, 1948)Natalie Jeremijenko/Ángel BorregoSachiko Kodama (Japón, 1969)Rafael Lozano-Hemmer (México, 1967)John Maeda (EEUU, 1966)Chico McMurtrie / Amorphic Robot Works (EEUU, 1961)Antoni Muntadas (España, 1942)Daniel Rozin (Israel, 1961)Ben Rubin (EEUU, 1964) y Mark Hansen (EEUU, 1964)
Entre lo que más me llamó la atención se encuentran los golems de Theo Jansen y las esculturas con fluidos magnéticos de Sachiko Kodama. El resto de la exposición también merece mucho la pena, aunque se me hizo corta, la verdad. Hay varias obras curiosas de escultura luminiscente, video, arte, redes sociales, etc…. Los golems deTheo Jansen consisten en esculturas móviles fabricadas en goma y plástico que se alimentan de energía eólica y viven en las playas. Su construcción se ha realizado de forma artesanal combinada con la evolución de las geometrías corporales en un ordenador (empleando algoritmos genéticos) a fin de optimizar su morfología. Hacen cosas realmente sorprendentes para ser meras esculturas:, caminan, se encogen, cavan, tantean la arena y parecen sentir el agua y el viento.
En cuanto a los ferrofluidos de Kodama, me dejaron completamente hipnotizada. Se trata de una suspensión coloidal de partículas ferromagnéticas imbuida en un campo magnético. Al modular el campo magnético, el líquido se ve atraído o repelido formando maravillosas figuras tridimensionales que desafían la ley de la gravedad.
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