martes, 9 de diciembre de 2008

ZEN EN EL ARTE DEL TIRO CON ARCO (libro)

ZEN

EN EL ARTE

DEL TIRO CON ARCO

EUGEN HERRIGEL

“Este libro no será fácil de leer”, dice en su primera frase y continua “ya que es imposible expresar en palabras las cosas que con palabras no se pueden explicar”.

Haciendo un pequeño resumen:

El alemán Eugen Herrigel se trasladó, entre la primera y la segunda Guerra Mundial, a Japón con su esposa para enseñar, en la Universidad, Historia de la Filosofía Occidental. Allí permaneció 6 años, en los que se ejercitó en el arte del kyudo (tiro con arco) y estudió la filosofía Zen.

Se puso en manos del Maestro Awa, de quien decían que era capaz de tirar 100 veces y dar las 100 en la diana. Aunque al principio el maestro mostró su recelo por enseñar a un occidental, dada una anterior experiencia, Herrigel lo convenció para que lo tomara como discípulo. Cuando pasaron los 6 años de aprendizaje, Herrigel obtuvo el título de Maestro y el propio Awa le dio su mejor arco.

El tiro con arco no se refiere ni a la técnica tradicional combativa ni al deporte competitivo actual, sino que se refiere a como el tirador con arco se enfrenta a sí mismo.

Ante todo se trata de armonizar lo consciente con lo inconsciente, para ser un maestro del tiro con arco no basta con el dominio de la técnica hay que superar este aspecto de forma que se convierte un “arte sin artificio” emanado de lo inconsciente.

En Japón el tiro con arco no es un deporte, es un acto ritual, es como ya he dicho un enfrentamiento del tirador consigo mismo. Este enfrentamiento consiste en que apunte a sí mismo y no a sí mismo de modo que uno es y no es una cosa y la contraria.

El Zen y la cultura japonesa están íntimamente relacionados, su forma de vida moral y estética, su vida intelectual, la actitud espiritual de samurai, deben su peculiaridad al Zen por eso son poco menos que incomprensibles para quien no esté familiarizado con él.
El budismo Zen nace en la India, se desarrolla en China y se adopta en Japón como Zen

-->Herrigel nos cuenta sus propios fallos, su confusión y el largo y duro camino que tuvo que recorrer hasta comprender e interiorizar esta filosofía, y así por tanto, llegar a dominar el arte del tiro con arco. No duda en mostrar sus errores, torpezas, angustias y descorazonamiento durante este viaje, y en afirmar que todo ello valió la pena por la indescriptible sensación que obtuvo al desprenderse de todo pensamiento y sentimiento para ofrecerse al arte.

Lo que vale con respecto al tiro con arco o la esgrima es aplicable, en el mismo sentido a todas la demás artes, así la maestría del pintor a la tinta china se revela precisamente en que la mano, dueña incondicional de la técnica, ejecuta y visualiza la idea que simultáneamente está creando el espíritu sin que medie el grosor de un pelo. La pintura se convierte en escritura automática, y también en este caso, la instrucción para el pintor podría ser la siguiente: observa durante diez años el bambú, conviértete en bambú, luego olvídate de todo y pinta.

Correlacionando con el proceso de creación artística se comienza con la experimentación procurando no morir en el intento. Hay que ser flexible, adaptarse, solo en el camino o proceso nos encontraremos, (se abren muchos puntos de vista) hay que mirar de otra manera, ponerse en otro punto de vista, desprenderse de sí mismo. El arte genuino no conoce fin ni intención. Solo existe el hecho de crear lo demás es alejarse del camino.

El maestro intentará convertir al discípulo en un artesano que domine la técnica, el oficio, antes de despertar al artista.

Durante el proceso creativo hay que desconectar y abstraer, sin interferencias y la inteligencia artística debe adaptarse y sacar el máximo partido a las dificultades, inclinarse a favor del viento. El éxito en la tarea no depende de los instrumentos sino de la creatividad del artista, de su técnica y de saber olvidarse de todo lo aprendido. Cuando uno adquiere una destreza o conocimiento ya no tiene que prestar atención, esta tarea será automática y así podrá pasar al nivel siguiente.

Podría decirse que quien se ha liberado de todas las ligaduras puede ejercer cualquier arte a partir de esa fuerza de su presencia de espíritu no perturbada por ninguna intención. Sólo de esta forma el ser humano es capaz de percibir que las distintas fases del proceso creador "se dan " a través de sus manos como emanadas de un poder superior.

Podemos concluir de todo esto, que más importante que todas las obras exteriores, por cautivantes que sean, es la obra interior que debe realizar el hombre si ha de cumplir con su destino de artista. La obra interior consiste en que él, como ser humano que es, se convierta en la materia prima de una plasmación y formación que concluye en la maestría. Así el maestro ya no busca, encuentra. Como artista es un hombre sacerdotal, como hombre es un artista en cuyo corazón, en todo su hacer y no-hacer, crear y callar, ser y no-ser, penetra la mirada del Buda.

1 comentario:

maria jesus abad tejerina dijo...

te acordaras muchas veces de este libro cuando te encuentres con dificultades en tu vida artistica