


Santiago Talavera nos propone en la "LA ISLA DE LOS VORACES" un paseo por una isla que es un jardin, un jardin en miniatura de una realidad extrañamente infantil, algo que parece a primera vista un juego de niños nos inquieta y nos descoloca. La sonrisa inicial con la que nos acercamos se torna mueca congelada. Nos hemos perdido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario