El comisario es una figura que alcanzó su máxima relevancia en la década de los 90, cuando brillaron estrellas como Dan Cameron, que pasó de ser el director de un pequeño museo de Nueva York dedicado al arte de minorías, The New Museum, a 'cazatalentos' conocido en el mundo entero.
Su relevancia va unida a la revisión del concepto mismo de museo, que era como una iglesia donde se iba a adorar las obras de arte en silencio. En palabras del teórico canadiense Serge Guilbaut, "los comisarios regulaban las exposiciones repitiendo los valores que habían recibido a través de su formación conservadora".
Para dar una idea del estado de las cosas, recordemos que en Francia, por ejemplo, a los comisarios se les llama 'conservateurs' (conservadores) o 'commissaires' (comisarios), lo cual no inspira una especial apertura y experimentación. Incluso la palabra 'curator' (comisario) significaba en la vieja Inglaterra 'cuidador de dementes'.
Esta situación cambió cuando los museos empezaron, muy lentamente, a demandar algo más que exposiciones de personajes famosos (impresionistas, Picasso, Dalí o Toulouse Lautrec), que atrajeran turistas.
Descubrieron que este nuevo público quería un diálogo "respetuoso y mordaz con el pasado sin que resultara aburrido". La misión de los comisarios era entonces idear nuevas formas de mostrar lo ya conocido.
El siguiente reto, asumido por muchas menos instituciones, buscaba lanzar a la palestra a creadores recientes, cuya relación con la tradición requería aún más explicaciones y riesgos para sus organizadores.
Fuente: el mundo.es/metrópolis
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